Pasar al contenido principal

Blog

Transmisión de la leishmaniasis en perros

flebotomo

La leishmaniasis es una grave enfermedad infecciosa que puede ocasionar la muerte del perro. Se transmite a través de la picadura de un tipo de mosquito y, además de tener pésimas consecuencias para nuestras mascotas, puede afectar al ser humano. La clave para su prevención es conocer cómo se transmite para actuar de forma preventiva.

La leishmaniasis en perros (también conocida como leishmaniosis) es una enfermedad parasitaria causada por protozoarios del género Leishmania. Este parásito no puede vivir fuera de otro organismo, así que su vida transcurre dentro de un huésped mamífero o de un insecto, agente o vector transmisor. Se trata de una patología con una amplia distribución geográfica y alta prevalencia, que ocasiona graves daños a la salud e, incluso, la muerte. Además, es una zoonosis, es decir, que se puede transmitir al ser humano.

Su sintomatología incluye lesiones en la piel, especialmente en cabeza y patas, y en las mucosas, donde se produce sangrado, sobre todo nasal, así como pérdida de pelo. También es frecuente observar que el animal pierde peso paulatinamente, aunque no el apetito. Cuando la infección se extiende los órganos, suele provocar un cuadro clínico conocido como leishmaniasis visceral, que lleva a un fatal desenlace, si el tratamiento no ha llegado a tiempo.

 

¿Por qué es tan difícil controlar la leishmaniasis?

En zonas endémicas (esto es, donde la enfermedad tiene una gran presencia), la mayoría de las infecciones son asintomáticas, es decir, que el animal no presenta ningún síntoma.  Aunque aparentemente esto sería una buena noticia, también es el motivo por el cual resulta tan difícil de controlar esta enfermedad y el riesgo de infección siempre está latente en el can. Al conjunto de huéspedes que vive con infecciones asintomáticas se lo  conoce como reservorio. En Europa, los principales reservorios de Leishmania son los perros —tanto domésticos como callejeros—, los roedores, los zorros y los lobos.

La leishmaniasis tiene presencia en todo el territorio español y es de declaración obligatoria.

¿Cómo se transmite la leishmaniasis?

El principal modo de transmisión es a través de la picadura de la hembra del flebótomo, un insecto diminuto que se alimenta de la sangre de los mamíferos. Es similar al mosquito, pero mucho más pequeño, por lo que suele pasar desapercibido. Suele vivir unas dos semanas y, aunque es nocturno, tiene más energía durante las horas crepusculares, así que su picadura es más frecuente al amanecer y al atardecer.

 

niña y perro

El perro no puede contagiarse ni transmitir la leishmaniasis por contacto directo.

Cuando este insecto se alimenta de la sangre de un animal infectado de Leishmania, el parásito se multiplica en el interior del flebótomo y migra del abdomen hacia la probóscide (trompa filosa con la que el bicho da el picotazo). De este modo, cuando luego se alimenta de otro perro, además de alimentarse de su sangre, le transmite el parásito. Basta una sola picadura para infectarlo, pues puede depositar hasta mil Leishmanias de una sola la vez.

Una vez que el perro ha sufrido el ataque del insecto, su sistema inmune se activa para defender al organismo de las Leishmanias; pero, por desgraciada, este protozoario campa a sus anchas dentro de los macrófagos (células encargadas de devorar y destruir a los intrusos), por lo que el parásito se multiplica dentro de estos hasta hacerlos estallar. De este modo, se liberan muchos más parásitos que, a su vez, infectan a nuevos macrófagos. Irónicamente, es el propio sistema inmune el que disemina la enfermedad a otros órganos del huésped como la médula ósea, el bazo o el hígado.

 

flebotomo
pequeño flebótomo: vector de la leishmaniasis

Este diminuto insecto se esconde bajo las piedras, en huecos de árboles  y otros lugares habituales en los paseos con nuestras mascotas.

Si bien, en algunos casos, el organismo aprende a lidiar con el parásito, de modo que la enfermedad parece minimizarse o remitir por sí sola, no hay evidencias de que se eliminen los parásitos por completo y, cuando bajan las defensas de nuestro amigo de cuatro patas, la enfermedad puede reaparecer.

En el caso de los seres humanos, la picadura del insecto infectado constituye un riesgo, especialmente para los niños y personas con las defensas bajas, que puede provocar lesiones desfigurantes en piel, además de la peligrosísima forma visceral de la enfermedad.

¿Cómo podemos evitar que nuestro perro se contagie?

La prevención es, sin duda, la mejor arma contra esta peligrosa enfermedad. Aunque existen vacunas contra leishmaniasis canina, no son tan efectivas como las usadas para otras patologías. Una vez infectado el animal, los síntomas pueden tardar semanas e incluso meses en aparecer y el tratamiento suele ser muy largo. Además, siempre que haya un reservorio, el riesgo de reinfección estará presente.

Teniendo en cuenta que la clave en la transmisión de esta enfermedad es la picadura del flebótomo, al evitarla, se rompe el ciclo. Por ello, el uso de repelentes es la estrategia preventiva más adecuada. En este sentido, lo más cómodo y efectivo son los collares con sustancia repelente, para mantener alejados a los flebótomos de nuestro fiel compañero.

En el mercado existen efectivos productos para ello, y la frecuencia de su uso dependerá de cada zona. En regiones cálidas y húmedas, es probable que se deba utilizar durante todo el año.

En resumen, lo más práctico y recomendable es usar un collar repelente de calidad. Consulta a tu veterinario las medidas de prevención más apropiadas en tu zona y mantén a tu mascota protegida.